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5/5/06 15:31:39
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El cine y los años

El cine y los años

Los espectadores maduros abandonan el cine, ya que no encuentran en la efectista producción actual los grandes guiones de otras épocas

HAY grandes cinéfilos que rondan los cincuenta años que han dejado de ir al cine. Ellos suelen justificar tal absentismo diciendo que el cine de ahora no tiene nada que ver con el de antes. Que ni los directores, ni los guionistas, ni los actores gozan del talento que atesoraban aquellos. Esos cinéfilos no suelen ver con buenos ojos las escenas realizadas con ordenador y están un poco saturados de efectos especiales; prefieren el cine mudo. Tampoco soportan la incomodidad de las salas de algunos multicines. Se quejan porque oyen la película de al lado. Ellos todavía guardan recuerdo de aquellas grandes salas de cine con nombres míticos y magníficas sesiones dobles. Quizá también intervengan otros factores en ese absentismo del cinéfilo, como la edad y, consecuentemente, las manías que se adquieren con el paso del tiempo. Las obsesiones. Yo, por ejemplo, estoy obsesionado con Billy Wilder. Aparte, no soporto oír hablar en el cine. Ni que entre público cuando la película ya ha empezado, porque es como si se colara un personaje contemporáneo en una película de romanos.

La mayoría de esos cinéfilos ven ahora el cine en casa en grandes pantallas. Los proyectores y el plasma han sustituido al cinematógrafo. La familia y los amigos, al público. Ya no miran atrás para ver los agujeros en la pared del cuarto del maquinista. La vida del cinéfilo de antaño ha pasado a mejor vida. Hoy rescatan en DVD las películas de entonces. Viven de la nostalgia. De vez en cuando, acuden a la primera sesión de alguna sala de cine. Miran con cierto escepticismo la película. En ocasiones, incluso reconocen que actualmente hay gloriosas excepciones que se salvan de la mediocridad general. Cuando les pregunto cuál es su película favorita casi todos coinciden en cuatro o cinco clásicos. Es curioso que mientras los lectores siguen leyendo libros toda la vida. Muchos cinéfilos abandonan el cine.

El novelista John Irving, en su libro 'Mis líos con el cine', escribe la siguiente dedicatoria: «Para mi hijo Colin, que ha soportado conmigo las decepciones del mundo cinematográfico». Pero John Irving -a quien le han adaptado al cine varios de sus libros, incluso ganó un Oscar por la adaptación de su novela 'Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra' ('Las normas de la Casa de la Sidra'- ignoraba que contar historias en un libro es muy diferente a hacerlo en una película. Que mientras para escribir una novela no se necesita más que un ordenador o un simple lápiz y un papel, para realizar una película es necesario movilizar un sin fin de medios y personas. Ése es el gran lío al que se refiere Irving. La gran aventura del cine.

Una de las diferencias entre el cine y la literatura es que en el cine las imágenes nos muestran la historia, mientras que en una novela el lector interpreta las palabras del escritor. El cine es más inmediato, no exige el esfuerzo de abrir un libro y ponerse a leer. Sin embargo, el cine aglutina varias artes. Billy Wilder, como director y guionista, compaginaba literatura y cine. En sus conversaciones con el también director Cameron Crowe, dijo: «Cuando escribo, me gustaría estar en el plató, con personajes vivos, sin tener que inventármelos. Podría colocarlos mejor, hacer que cruzasen con más elegancia, ¿no? Cuando dirijo, me gustaría estar a solas con Diamond en mi habitación. Tranquilos, sin que nadie nos agobie. Es lo contrario. Cuando escribo, me gustaría dirigir. Cuando dirijo, me gustaría escribir».

Billy Wilder coincide con John Irving en contemplar el cine como un gran lío. Al novelista John Irving le resultaba complicado trabajar en una habitación rodeado de gente. A cualquier novelista le sería difícil escribir un libro en tales condiciones. El cine, por el contrario, es un trabajo de grupo. Volviendo al principio, pienso que quizá los que han dejado de ir al cine buscan encontrar ahora aquel cine clásico en blanco y negro que, sin demasiados recursos técnicos, era capaz de absorbernos con excepcionales guiones y trasladarnos a un mundo mágico. Una especie de paraíso artificial que muchas grandes superproducciones actuales con enormes presupuestos no lo consiguen. El talento de Billy Winders no se encuentra con dinero.

Billy Wilder fue un maestro como director y como escritor de guiones. Ofrecía una serie de consejos a los guionistas que no me resisto a transcribir porque creo que pueden servir perfectamente a cualquier creador:

1. El público es voluble.

2. Hay que agarrarlo por el cuello y no soltarlo.

3. Desarrolla una línea de acción clara para el personaje principal.

4. Ten claro hacia dónde vas.

5. Cuanta más sutileza y elegancia se tiene para ocultar los elementos de la trama, mejor escritor se es.

6. Si tienes problemas con el tercer acto, el verdadero problema está en el primero.

7. Un consejo de Lubitsh: deja que el público sume dos y dos. Te querrán siempre.

8. Al hacer narraciones en off, ten cuidado de no describir lo que ya está viendo el público. Añade algo nuevo a lo que ven.

9. Lo que ocurre al final del segundo acto es lo que desencadena el final de la película.

10. El tercer acto debe ir creciendo, creciendo, creciendo, en ritmo y en acción, hasta el último suceso, y entonces...

11. ...ya está. No le des más vueltas.


Fuente: http://www.diariosur.es/pg060505/prensa/noticias/Cultura/200605/05/SUR-CUL-278.html

6/5/06 14:04:24
merovingioVotos: 1460
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mas razon que un santo tiene Billy Wilder.

12/5/06 16:36:31
replicanteVotos: 57
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Sí que tenía razón, sí, y los espectadores maduros que se quejan también... :rolleyes:

Los de nuestra generación, y al menos un par de ellas antes y otra dos o más después, no podremos quejarnos porque estamos intelectualmente muertos... :o

Para hartarse de llorar...

MuchoDivx!
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