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Cine de rebajas.
22-02-2008
Cuando era crío, y aún sin haberse ni siquiera imaginado nadie una playstation, tenía una enorme variedad de juegos digitales. Es decír: como mi papá se negó a comprarme más de un airgamboy, y dado que las historias que se me ocurrían para los juegos precisaban de más de un personaje, pues con un boli me pintaba una cara en un dedo y ya está... el player 2.
También tenía muchos videojuegos, que era mirar con envidia como jugaban algunos niños del cole más afortunados con sus tres, cuatro, o ¡cinco! airgamboys.
Pues bien: el señor Ramirez ha versionado mis juegos digitales, poniéndoles carotas a unos cacahuetes (un tío mío ya difunto les llamaba cacahueses vaya usted a saber porqué), fingiendo voces de falsete, y lo ha sabido mezclar con mis videojuegos (es exactamente como ver jugar a alguien sin poder participar).
-Que es innovador, es indudable: hasta ahora nadie le había echado tanto morro.
-Que el presupuesto del millón de pelas es ridículo comparado con otras caspa-producciones como Gisaku, es indiscutible; aunque quisiera saber en que leches se lo gastaron (¿serían cacahuetes cultivados por la Preysler y regados con Eviàn?).
-Que esta pseudopeli es una soberana gilipollez, y que es tan patética como mirar como juega un niño pobre con lo primero que pilla a mano, eso sí que lo puedo asegurar.
Tan recomendable como tirarte un pedo visitando a la abuela de tu novia, y decir: Ahora esta casa huele a vida.